Octavio Carranza


Octavio Carranza Blancas, enamorado del cuerpo femenino, de la mujer libre y de los deseos desenfrenados. Octavio se aventura a escribir sobre una de las cosas más enigmáticas y apasionantes de la vida: el deseo carnal y su representación final, el sexo. Sin verlo como un objeto prohibido, el sexo es algo tan natural como el simple acto de respirar, de ver. Las palabras son herramientas que sirven para dibujar, trazar, esbozar, esculpir, componer, inventar, crear nuevas formas de expresar la belleza de un encuentro entre dos cuerpos, así como los contactos, los roces, los olores y sonios que lo acompañan.

Las palabras no deben espantar, ni tampoco, obviamente, el acto mismo de entrega, de desborde de voluptuosidad, de arrebato y deseo. El cuerpo es el vehículo por el cual el alma recibe toda gama sensaciones relacionadas con el placer, con el deleite, con el goce.
 
 
 





 
 
 
 
 
 
                  MIRANDO
 
 
 
 
 
Miré pasar a través de tus ojos una danza estelar,
una cósmica ilusión líquida y
policromática.
Miré pasar, con suavidad, un vendaval de seducción
electromagnético y sideral.
Miré en tu piel la pureza salvaje
de una pantera voraz y mística.
Miré la eternidad convertirse en caricia,
el pasado transformarse en un río,
tu cuerpo se volvió ligero e irreal.
Miré al tenebroso fantasma de la lujuria
envenenar tu cuerpo con su fuego
y desgarrar tu traje de virgen.
Miré tu cuerpo desnudo libre de lazos,
reglas, normas, moral o leyes,
volando sobre mis sábanas.




                                          MUSA


                                            
Ella es la violenta caricia del deseo.
Yo soy la trágica huella de la nostalgia.
Ella convocaba universos paralelos de pasión y lujuria.
Fusionaba el ocaso y el equinoccio
con un
vibratto apocalíptico.
Ella es la
intoxicante metástasis de fantasía.
Yo soy el coagulado temor a la soledad.
Con una mirada inalámbrica seducía a santos y ángeles.
Toda muralla construida con base en la decencia,
y el pecado, es devastada por su voluptuosidad.
A ella entrego mi deseo infinito de deseo.

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